La historia de Panadería Solera es la historia de una familia que eligió el pan como forma de vida.
En 1948, nuestro fundador abrió las puertas de un pequeño local con un horno a leña y una masa madre que aún hoy seguimos alimentando. Lo que comenzó como un sueño de barrio se transformó en un punto de encuentro para varias generaciones de vecinos.
Aprendimos el oficio a la vieja usanza: mirando, amasando y equivocándonos, hasta dar con el punto justo de cada pieza.
Tres generaciones después, mantenemos intactos los valores que nos trajeron hasta acá: ingredientes nobles, fermentaciones largas y un trato cercano con quien cruza la puerta.
Incorporamos nuevas variedades y técnicas, pero nunca atajos. Cada pan sigue llevando tiempo, manos y corazón.

Somos panadería de barrio. Conocemos a nuestros clientes por su nombre.
Ingredientes reales, sin atajos ni etiquetas confusas.
Si no nos gustaría comerlo a nosotros, no sale del horno.
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